perdonar

Pienso que las agujas
ya nos han más que demostrado
que somos del lugar de a dónde vamos
y no del lugar del que venimos, 
así como leí una vez.

Somos errores que no nos dejan cometer.
Somos la reflexión en la que nos zambullimos
al pasar la última página de un libro.
Somos un puñado de emociones
a pies de un barranco
a punto de caer.

Atravesando senderos de debilidad
inundados de pensamientos egoístas,
confusos y extraños,
he conseguido salir a flote
como un barco de corcho
en busca de nuevas rutas que me lleven
a otros mares que se ajusten
a las proporciones de mi mente.

Sé que la montaña rusa
a la cual llaman vida
tiene bajadas, como cuando
mis pensamientos se encuentran contigo
o cuando los gritos ensordecedores que rebosan
de una casa a la que me obligan llamar hogar
reaparecen.

Pero eso no significa que no pueda aprovechar
para volver a impulsarme hacia arriba
en busca de otras estrellas
que marquen nuevas rutas.

Hace tiempo que decidí quererme a mí
antes que a ti.
Pero hasta ahora,
mientras me zambullía en un bosque
de hoja perenne
ya acostumbrado a ser cubierto
por una nieve fría de tristeza,
me he dado cuenta de qué va esto,
de qué es lo que realmente vale la pena
y de cuánto debemos querernos a nosotros
sin dejar de querer a los demás,
y sobretodo,
de saber perdonar, dejando de decir
nunca jamás.